NACIMIENTO
FALLECIMIENTO
La vida del Profesor Juan Córdoba Roda es un ejemplo de dedicación al derecho penal tanto en la Universidad como en la abogacía. Se formó en la Universidad de Barcelona junto a Octavio Pérez-Vitoria y en 1964, con solo treinta años, ganó la cátedra de derecho penal de la Universidad de Oviedo, en donde permaneció hasta 1966, cuando accedió a la cátedra de la Universidad de Valencia. La estancia en Valencia le era muy querida, especialmente por la creación del Instituto de Criminología y Ciencias Penales por la que todavía se le recuerda. En 1971 regresó a la Universidad de Barcelona de cuya Facultad de Derecho fue decano (1979-1983).
Juan Córdoba completó su formación en la Universidad de Munich, junto a Reinhart Maurach, cuyo Tratado de Derecho Penal tradujo, añadiéndole unas valiosas notas de derecho penal español que nos permitieron a quienes iniciábamos nuestra carrera académica en los años setenta del S.XX empezar a adentrarnos en la dogmática penal alemana. La formación alemana impregnó sus primeras obras, que son consideradas como introductoras del finalismo en España (junto a las de Rodríguez Muñoz y Cerezo Mir), y entre las que destaca El conocimiento de la antijuridicidad en la teoría del delito (1962) y Una nueva concepción del delito. La doctrina finalista (1963). En ellas demostró un absoluto dominio de las bases filosóficas del derecho penal, pero sin abandonar el manejo útil y la interpretación del derecho positivo para evitar la abstracción estéril, como recordaba frecuentemente a sus discípulos. Esta preocupación dominó sus obras posteriores, que no pueden ser resumidas aquí, pero que culminan con los monumentales Comentarios al Código Penal, cuya parte general publicó en 1972 (junto a Rodríguez Mourullo, Casabó y del Toro), y ya en solitario, la Parte especial en 1977. La promulgación del Código penal post-constitucional en 1995 le llevó a impulsar unos nuevos Comentarios al Código Penal, cuyos coautores (Rebollo, Cugat, Baucells, Magaldi y quien firma estas líneas) fuimos testigos de su entusiasmo y compromiso con la obra, pese a que en esos momentos ya dedicaba tiempo al ejercicio de la abogacía, lo que le obligaba a restar horas al ocio y el descanso.
En efecto, en 1980, después de muchos años de dedicación exclusiva a la Universidad, fundó el despacho de abogados que lleva su nombre y desde el que fue considerado parte de lo que en Barcelona se conoce como “togas de oro”. En 1997, fue nombrado miembro de la Academia de Jurisprudencia y Legislación de Cataluña, dedicando su discurso de ingreso a la aplicación garantista de la ley y los derechos del sometido al proceso penal. Y manifestando un especial interés por la dedicación de la Academia -tradicionalmente escorada hacia el derecho privado-, a los temas penales.
Es imposible resumir aquí toda su obra, pero valga como ejemplo de su dedicación a la elaboración y difusión doctrinal la ingente producción publicada en la Revista Jurídica de Catalunya de cuyo Consejo de Redacción formó parte y en donde prácticamente no dejó tema sin tocar (de la prescripción a la responsabilidad penal de los menores, pasando por las falsedades documentales o el delito fiscal).
Juan Córdoba fue un maestro de penalistas que siempre respetó las opciones de sus discípulos y no exigió adhesiones inquebrantables, lo que no era precisamente frecuente. En momentos difíciles e incluso conflictivos de la vida académica, mantuvo su trato amable y sin estridencias, ejando constancia de su ecuanimidad y su honestidad personal.