1929, Plasencia (Cáceres)2001, Madrid

Marino Barbero Santos

NACIMIENTO

1929, Plasencia (Cáceres)

FALLECIMIENTO

2001, Madrid

Reseña biográfica

Marino Barbero Santos fue catedrático de Derecho Penal en las Universidades de Murcia, Valladolid y Complutense de Madrid.

En palabras del profesor Jehscheck, la herencia académica de Marino Barbero Santos se mide “por su universalidad y por su concepción del Derecho penal como bien cultural común”.

Con este punto de partida cimentado en su formación como investigador en los centros universitarios más acreditados -especialmente Salamanca, Bolonia y Friburgo de Brisgovia-, el profesor Barbero no enseñaba en sus clases de Derecho penal una disciplina aséptica, lista para ser diseccionada en autosuficientes torres de marfil académicas, sino un subsistema normativo dinámico, integrado en las estructuras del sistema jurídico-político, para garantizar la vigencia de los principios propios del Estado Social y Democrático de Derecho. Lo que llevaba de la mano al Barbero Santos docente y a sus alumnos de licenciatura o doctorado a un continuado diálogo, que, en el marco teórico diseñado por Beccaria,  von Liszt, Kant o Dorado Montero,  terminaba por desvelar la verdad –“por nosotros desconocida”, dice Carlos Castresana, entonces alumno en la Complutense- del entramado jurídico-penal de la dictadura. Cuestiones, todas ellas, preteridas -con excepciones tan escasas como encomiables- por las consolidadas cátedras de la época, atentas más que a los vientos democratizadores, que ya parecían imparables en la Universidad, al imposible apuntalamiento del pensamiento jurídico único enraizado en las propuestas político-criminales nacionalsindicalistas de la postguerra.

La vocación de “universalidad” -que aboca a la pluralidad temática y metodológica- es determinante del alcance y del modo en el que el profesor Barbero abordó su dedicación al Derecho penal como “bien cultural común”.  Así lo testa el extenso catálogo de publicaciones que nos ha legado: desde cuestiones dogmáticas que siguen siendo preocupación prevalente del pensamiento penal más dinámico (culpabilidad, delitos de peligro abstracto, responsabilidad penal de las personas jurídicas, Derecho penal económico, ingeniería genética), a estudios históricos, en los que su amplia cultura identificaba, más allá del dato erudito, las raíces profundas de cada institución y su significación actual (Defensa Social, bandolerismo, brujería, Inquisición, tortura o asilo), pasando por comprometidos alegatos político-criminales (pena capital, Constitución y Derecho penal, derechos humanos, independencia judicial), o por estudios -ya devenidos clásicos- sobre delitos en particular (aborto, corrupción, terrorismo, narcotráfico) o sobre las sanciones penales (medidas de seguridad, prisión, medidas aplicables a menores).

Una labor universitaria caracterizada por la amplitud y heterogeneidad de objetos de estudio no es posible sin la complicidad amigable de multitud de colegas e instituciones de los más diversos ámbitos geográficos, profesionales culturales e ideológicos que acogieron y potenciaron la incansable actividad del doctor Barbero Santos, dirigida a llevar al Derecho positivo los frutos más relevantes de la reflexión científica y las exigencias más acendradas del pensamiento garantista. Desde la dirección del Departamento de Derecho Penal de la Universidad Complutense, la Comisión Especial para la reforma de la Ley de Peligrosidad Social, el Comité Científico del Master en Criminología de la Universidad de Castilla-La Mancha, la vocalía permanente de la Comisión General de Codificación, la presidencia del Círculo Hispano-Germánico de Valladolid o la dirección de la Academia de Extremadura, D. Marino  diseñó y difundió -sin liberarse nunca de la nota de idealismo ingenuo que le caracterizaba personalmente- un modelo de sistema penal llamado a abandonar su condición de longa manu del poder para convertirse en espacio social de confrontación democrática de valores e ideologías.

Prestigiosas instituciones extranjeras, en las que asumió funciones directivas, también reconocieron y apoyaron este compromiso personal y este proyecto académico: Asociación Internacional de Derecho Penal; Sociedad Internacional de Defensa Social; Instituto Jurídico Español de Roma; Comisión Científica del Centro Internacional de Sociología, Investigaciones y Estudios Penales y Penitenciarios de la Universidad de Mesina; Asociación Alexander von Humboldt de España; Consejo Científico Internacional del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente de San José; Consejo Científico Criminológico del Consejo de Europa, Estrasburgo; Sociedad Cubana de Ciencias Penales; Instituto de Ciencias Penales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima; Academia Nacional de  Buenos Aires; Academia de  Ciencias Penales de Méjico; Academia Nacional de Ciencias Políticas, Morales y Sociales de Chile, etc. Los reconocimientos fueron también múltiples: Doctor honoris causa por la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Brasil) y por la Universidad Inca Garcilaso de la Vega de Lima (Perú); Ciudadano Benemérito de Valença (Brasil); Medalla de la Ciudad de Milán (Italia); Comendador de la Orden al Mérito de la República de Italia; Gran Cruz de la Orden al Mérito de la República Federal de Alemania de primera clase; y, last but not least para el extremeño irredento,
Hijo Predilecto de Plasencia.

No en todos los ámbitos disfrutó la actividad del profesor Barbero Santos la misma acogida complaciente.  La complicidad con el poder fue irreconciliable con su ética. Y de ello dio sobradas muestras al adoptar, como profesor y como magistrado, decisiones que para otros, más acomodaticios, hubieran resultado inasumibles: negativa a jurar fidelidad a los Principios del Movimiento para tomar posesión de su plaza de catedrático ganada por oposición; lección inaugural Contra la pena de muerte en su incorporación a la Complutense, coincidiendo con el momento en que la Dictadura acababa de ejecutar a Julián Grimau;  instrucción, como Magistrado del Tribunal Supremo -cargo al que había sido promovido por el cuarto turno reservado a los juristas de mayor prestigio- del “caso Filesa”, del que decidió apartarse, cuando el Consejo General del Poder Judicial le denegó el amparo que había solicitado ante los ataques  a la independencia judicial perpetrados por las instancias políticas a las que apuntaba, y no sin argumentos, la investigación judicial. Frente a la “labor de acoso y derribo” -en palabras del exalumno y luego Fiscal,  Carlos Castresana- institucional y mediática, la respuesta de Marino Barbero fue siempre la misma: resistencia no agresiva y reafirmación de la coherencia ética. Compromiso con los valores que D. Marino atribuía a Ranieri, su maestro boloñés, aquél que “prefirió la soledad a que sus relaciones pudiesen comprometer sus ideas más caras, con plena consciencia de que sólo cabe educar a nivel universitario si la enseñanza constituye la manifestación del libre pensamiento del que la imparte “. Compromiso ético, coherencia docente: quizá los valores que mejor describen al personaje. Quizá los valores que todos desearíamos inspiraran la vida universitaria.

Juan María Terradillos Basoco

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